4i000: Revisitar lo moderno

Una obra no puede verse moderna
si no
es primero posmoderna.

Francoise Lyotard

El lenguaje

El desarrollo de la obra de Magdalena Fernández ha estado signado por una resonancia constructiva, reconocible en el manejo del espacio, las formas abstractas y las estructuras.   En ocasiones, las referencias del Minimalismo repercuten en los espacios asépticos que Fernández altera dialogando con el lleno-vacío de estructuras móviles y suspendidas.   En todo caso, su lenguaje se construye a partir de un modelo natural reducido a su expresión geométrica, inmerso en un espacio interactivo.

Mediante la instalación –estrategia contemporánea constante en la obra de la artista- Fernádez articula experiencias perceptivas que posibilitan revisar lo moderno desde una óptica posmoderna, que si bien ha sido más asimilable al ámbito arquitectónico, no deja de ser una plataforma de discusión, dada la sentencia acerca del fracas de las vanguardias.

Su aproximación al lenguaje moderno, aparentemente caduco para el espacio político y social de fines de milenio, logra, sin embargo, una interesante inserción dentro de los discursos particulares de la nueva generación de artistas venezolanos.   En su obra surge un tejido referencial a artistas como Gego y Jesús Soto, no obstante, los recursos tecnológicos que incorpora suscitan una lectura menos complaciente, al confrontar los tradicionales preceptos estéticos con la liberación formal de materiales industriales despojados de su función original.

Luego de varios años de investigación sobre el espacio, donde el blanco permitía una reflexión perceptiva desde la luz, ahora con 4i000 (código que se traduce como cuarta instalación del 2000) la artista recurre a una inversión de valores, y desde el negro que se manifiesta este ejercicio perceptivo.   Alrededor de trescientas fibras ópticas, de cuyos extremos penden esferas de cristal iluminadas, han sido suspendidas del techo de la sala de forma irregular, a la altura media del público, para invitar al espectador a contemplar la obra.   Sería impreciso abordar esta propuesta con una intención comparativa desde los penetrables de Soto, realizados en pleno idealismo a principios de los setenta, pues la experiencia del maestro fue una transición hacia una visión más conceptual del proyecto moderno venezolano, que ha sido asimilada por las nuevas generaciones.

Por otro lado, los vínculos del trabajo de Fernández con los Neo-concretistas brasileños, especialmente con la obra de Lygia Clark ( la casa es el cuerpo.   Penetración, ovulación, germinación, expulsión , de 1968,   Estructuras vivas: diálogos , de 1969, y Red de elástico , de 1973, por ejemplo), lejos de interferir en el desarrollo de un discurso propio, nos remiten a la paradoja de Lyotard en cuanto a la necesidad de un estado posmoderno de contemplación, como germen de realización de la obra moderna. Para Magdalena Fernández, la idea de asumir su lenguaje dentro del espacio contemporáneo y su apuesta por una investigación fenomenológica, va contra cualquier prejuicio, incluso dentro del juicio de los filósofos menos cautelosos de este siglo.

La poética

Sin duda, la abstracción ha generado sus poéticas a través de los años. Digamos que las asociaciones filosóficas que suscita, han permitido reelaboraciones visuales nada desdeñables. De las experiencias sensoriales de Lygia Clark o los entramados metálicos de Gego se desprenden muchas narrativas, así como de las fantasmagorías francesas del siglo XVIII, en plena Revolución, que fueron tempranos ensayos fenomenológicos, y del Cinetismo de los cincuenta, con su práctica ilusionista.

La fenomenología alimenta esa intriga intriga interior hacia la sorpresa perceptiva y en ello cabe, sin duda, la poesía.   En el tono vehemente de los (poetas) modernista, Rimbaud escribió:

El arte eterno tendría sus funciones, así como los

Poetas son ciudadanos.   La poesía ya no marcará el ritmo de la acción, estará por delante(…)1.

Imposibilitados de restringir la poesía en su manifestación, su vínculo con la no-representación es inobjetable.   En ocasión de la instalación 4i000 de Magdalena Fernández, que viene de la oscuridad hacia la luz entre una multitud de esferas que flotan en el espacio, no podríamos menos que sumirnos en el encantamiento, gracias a su ecléctica narrativa.

Este especio, que ha sido sutilmente dividido en dos campos –alegoría a la propia modernidad- y en cual podemos penetrar, será lo suficientemente entrañables como para que la poesía vuelva a estar por delante.

Thelma Carvallo

1. Arthur Rimbaud: Una temporada en el infierno. Las iluminaciones. Carta del vidente. Monte Ávila Editores, 1976

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