Acciones
disolventes

“…Desde su aparición en la escena artística de Venezuela, a finales de los años ochenta, la obra de Magdalena Fernández ha obtenido una respuesta crítica muy positiva. Las razones parecen obvias dentro del contexto artístico venezolano, donde su trabajo se engarza con precisión de relojería suiza. Sus esculturas, instalaciones y dibujos son el resultado de estrategias compositivas y conceptuales que ponen de manifiesto la permanente vigencia de los elementos cardinales de la abstracción.  

Una estrategia emocional –que se activa de manera similar a como lo hace Liliana Porter con sus objetos–moviliza sus últimos videos, que expanden sus límites formales hacia espacios de la sensibilidad usualmente aparcados en la acera de enfrente a la fría y racional abstracción geométrica. En sus últimas obras, tal y como sucede en 1.2dm003 Eleutherodactylus coqui (de la serie Dibujos móviles), la búsqueda de esta conexión se hace aún mas diáfana y estrecha. A partir de convencionales formas geométricas, Fernández subvierte la acostumbrada pureza de la línea en el espacio a partir de una miríada de sonidos de ranas que tienen un lugar protagónico en la representación memoriosa de la Caracas nocturna. El riguroso y racionalista “dibujo” que se proyecta en la pared se ve alterado por las variaciones de los ritmos del croar de estos animales, generando variadas permutaciones geométricas.  

En este intento por discurrir “disolventemente” sobre los contenidos de los videos de esta muestra, resulta particularmente interesante establecer entonces, posibles paralelismos entre
1.2dm003 ‘Eleutherodactylus coqui’  de Magdalena Fernández y La Yola de José (Tony) Cruz.  

En ambas obras, la idea del lugar tiene un peso especifico considerable. Si en
La Yola, el mar Caribe desaparece para convertirse en un espacio imaginario, de un grado “cero” de visibilidad (en la página en blanco); en el video de Magdalena Fernández la ciudad es una referencia puramente “auditiva” llena de evocaciones emocionales, en una representación “sonora” del lugar. Habría que tomar en cuenta, viendo esta propuesta, que el paisaje no es solamente una construcción intelectual, sino también un género artístico que se define por el recuerdo memorioso –esto es: sensibilizado– de un lugar, que es a su vez un motivo artístico. Fernández enlaza una tradición geométrica (intelectual) de poderosas repercusiones en el arte de Venezuela con el recuerdo resonante (emocionado) de su ciudad natal.
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Téllez
y Fernández coinciden tangencialmente en la demanda de otros sentidos corporales, tal como es el oído en la video-proyección de Magdalena Fernández. Sin embargo y a diferencia de los ciegos de la propuesta de Téllez, en esta obra de Fernández somos nosotros los actores que nos “figuramos”, desde la pureza minimalista del gesto abstracto, al canto nocturno de las ranitas caraqueñas.  

Como si nos deslizáramos frente a un juego de espejos reflectantes, estas ideas tan sólo atisban la posibilidad de una reflexión mayor. Este texto pretende mostrar, desde
Acciones disolventes, el carácter móvil de la imagen y de las resonancias reflexivas que ella nos provee. Finalmente habría que decir, que una buena obra en video –como un buen largometraje– nos deja en un estado de suspenso, nos deja, podríamos decir, en un estado momentáneo de disolvencia.”

Carlos Palacios
2009