La lluvia: 2iPM009

Nos dice la tradición geométrica que el punto, esa huella mínima, es el origen, el inicio no
sólo del espacio, sino también de las figuras y las imágenes que los determinan, que lo
convierten en lugar, que lo donan como experiencia al hombre.

En esta instalación, es el punto otra vez un origen y una convocatoria. El punto se hace
lugar, invade el espacio, primero suavemente, apareciendo como pequeñas huellas de luz en
la vastedad, paulatinamente se van sucediendo con mayor cercanía y en mayor cantidad
hasta ocupar todo el espacio y penetrar todos los instantes. El espacio y la temporalidad se
desarman en esta danza, a la vez, dulce e hiriente, de unos puntos –de unas luces- que,
debido a su crecimiento, a su progresión, no sólo se apropian de las paredes sino,
igualmente, del vacío que se da entre ellas y de los cuerpos –nosotros- que recorremos ese
vacío. Se apropian y transforman el espacio haciéndolo un lugar de reconocimiento y
memoria.

Cada punto es también un sonido, frágil y distanciado al inicio, que se va densificando
hasta convertirse en una sinfonía profunda, llena de matices y rememoraciones, llena de
encuentros y silencios apenas audibles. El sonido de la pieza Percusión corporal1 nos
despierta sensualmente a una experiencia cotidiana, ordinaria, conquista en sus tonos y su
frecuencia el despliegue de la lluvia y su rítmica violencia, su capacidad para adueñarse de
los lugares, para habitarlos. La lluvia se hace en el lugar que ocupa ese punto que crece y se
multiplica infinitamente al compás de un sonido que progresa, que aumenta su volumen y
su densidad. La lluvia se hace como una experiencia evocativa, como una convocatoria, en
la presencia inasible, pero siempre pensable y reconocible, de un punto-sonido que se hace
fuerza de expansión, que impregna y empapa, que humedece con su aparición.

El lugar es evocación, por tanto, de aquel momento mágico en que se diluye la distancia
entre el cielo y la tierra, gracias a la densidad y a la pluralidad, a la continuidad, de esos
puntos –gotas de agua- que absorben por igual los cuerpos y sus diferencias, y que permean
cualquier superficie, toda materia. Así, la instalación se hace espacio abierto a la naturaleza,
y el lugar se hace descampado, comprendemos entonces cómo la experiencia hace el
mundo, cómo la memoria provee la significación, cómo el espacio es siempre también su
vivencia.

Sandra Pinardi
Caracas 2010


1Cortesía del grupo vocal Perpetuum Jazzile